martes, 19 de julio de 2011

Perdimos la promoción por secretaría.

La estadística dirá que Chile ganó dos partidos, empató uno y perdió otro. Viendo el detalle, Chile le ganó a la sub 22 B de México y a Perú, ambos equipos con mayoría de suplentes, se empató con Uruguay y perdimos con Venezuela. Eliminados en cuartos de final cuando la mínima meta era ser semifinalista. Se fracasó y no hay que tener miedo en decirlo.

Chile, durante todo el torneo, se caracterizó por el desorden táctico dependiendo de las individualidades por sobre un sistema de juego. Se puede decir que los jugadores claves de Chile rindieron menos del nivel que exhiben en sus clubes, algo opuesto a lo ocurrido en el proceso anterior, donde el sistema de juego, la mecanización y el orden los hacía mejores jugadores. Es importante recalcar que el funcionamiento de un equipo debe ser el objetivo primario de éste. El fútbol, como todo deporte colectivo, está expuesto a imponderables, como las lesiones, las suspensiones o un momento deportivo de bajo nivel, y ellas se combaten por medio del funcionamiento, movimientos mecanizados (ofensivos y defensivos) y concentración máxima por parte de los jugadores, que serán de mucha ayuda en los momentos que las individualidades no respondan, porque no están o están mal, o cuando la presión de un partido haga casi imposible tomar una decisión consciente y se deba recurrir a lo “automático”. Si se deja a los jugadores ejecutar en plena libertad lo que ellos estimen conveniente, pueden surgir problemas, pues son pocos los que tienen la capacidad para tomar dichas decisiones libremente. En sus respectivas funciones, Valdivia y Carmona fueron capaces de escoger y rendir acorde a su nivel. Ejemplos contrarios lo son Vidal, Medel, Jara y, en cierto sentido, Alexis Sánchez.

El nivel de los jugadores en cada uno de los partidos va asociado al análisis que puede hacer el DT del rival y las directrices que les señale a ellos. En todos los encuentros Chile mejoró luego de realizar cambios, lo que indica que hubo una mala lectura previa de los partidos por parte de Claudio Borghi. Contra Venezuela lo anterior fue muy evidente, ya que al no contar con Beausejour, se ingresó con solo 3 jugadores netamente ofensivos y al frente había un equipo que no iba a proponer un partido en el campo chileno. De hecho, Farías tuvo muy claro cómo plantear el partido, explotar las debilidades de Chile y transmitírselas a sus dirigidos.

Una de las características principales de Chile era la presión que ejercía contra el rival, lo que contra equipos defensivos es una gran virtud: los defensas tienen el balón y no pueden generar juego al ser presionados, por lo tanto se recupera de forma rápida la posesión de la pelota. En el Chile de la Copa América en contadas ocasiones se vio esta presión. El tema físico está directamente relacionado con la presión en campo contrario, Chile nunca se impuso físicamente al rival. Se puede debatir sobre las diversas formas de juego, pero el tema físico es un punto objetivo donde no hay descargo que justifique un mal nivel físico.

La derrota chilena no se debió a la mala fortuna, porque pegó en el palo, la sacaron en la línea o lo que sea. Esto es un deporte profesional donde todas las variables deben ser analizadas. Venezuela lo hizo, su DT y jugadores lo tenían claro desde el inicio del partido y vencieron de manera justa.

Hay que aclarar algo: el problema no es Borghi. Los dardos tienen que apuntarse a la ANFP. Chile estaba preparándose para subir a la primera división mundial. La Copa América 2011, las próximas clasificatorias y el mundial de 2014 lo confirmarían, pero perdimos la promoción por secretaría. Ahora se parte de cero y volveremos a la lógica de nuestros resultados. Espero que Chile pueda mejorar de cara a las clasificatorias. Tal vez debería llamarlas “Eliminatorias” como antes, como siempre.